El espía que amó a mi madre, Yuliana

Rayograph (El beso) – Man Ray, 1922

Esto es lo que me contó mi madre, Yuliana. Creo que lo escribo ahora para explicármelo a mí misma y comprenderlo mejor porque, a veces, es necesaria experiencia para entender ciertas cosas. Esto me ha pasado en varias ocasiones, mi memoria retiene los hechos, o los datos, pero, sólo después de mucho tiempo, puedo evaluarlos en su justa dimensión. Creo que nunca podré darlo a conocer, pero albergo la secreta esperanza de que algún día, entre los escombros de una extinta Urimb, alguien, como ocurrió con el diario de la niña Frank ochenta años antes de Urimb (A. de U.) pueda encontrarlo, y leer. Mucha esperanza es esa, y muy secreta. Estando como estamos en el año setenta después de Urimb (D. de U.), consolidados no sólo los cimientos, sino perfeccionados los fundamentos que desarrollaron -basándose en el estudio de la historia política y en los escritos de reputados filósofos y eruditos de los siglos XIX y XX- los mejores talentos, reclutados en las más prestigiosas universidades de principios del siglo XXI, es altamente improbable, salvo catástrofe, que Urimb devenga escombros con escondrijos que oculten joyas literarias prohibidas.

Yo, al igual que mi madre, soy un objetivo sujeto a especial vigilancia (O.S.A.E.V.) o, en jerga urimbitana, osa, masculino ose, plural oses. En Urimb esta condición puede ser heredada, como es mi caso, porque si conocen una estrecha relación con uno de los primitivos oses, generalmente ascendientes, tienen que observar las posibles influencias, las cuales podrían ser muy maléficas para los inocentes urimbitanos. Actualmente todo el mundo sabe lo que es una osa, pero en tiempos de mamá pocos conocían la existencia de los O.S.A.E.V. y, cuando intentaba explicarlo, con frecuencia la mandaban al psiquiatra. Afortunadamente, y como contrapartida, entonces todavía una osa podía decidir si seguir o no esa sugerencia. Otra diferencia es que ahora prácticamente no existen los O.S.A.E.V. hereditarios, ya que, incluso tratándose de una hija, ésta sería apartada de la osa para no sufrir la perniciosa influencia, eso en el caso insólito de que –ahora- una osa sea madre, porque, en este tiempo, para la maternidad, una osa no tiene más que impedimentos.

Mi madre se convirtió en osa muy poco después de mi nacimiento y, entonces, todavía no eran separadas de sus hijas.

A los oses, desde el año cincuenta (D. de U.) no se les permite tener pareja. A cambio, si observan buen comportamiento durante la semana, les proporcionan una sesión de masaje terapéutico sexual, para prevenir ataques de agresividad u otras alteraciones del comportamiento. Pero sobre todo lo hacen porque es bueno para los propósitos de seguridad de Urimb.

Para un seguimiento absoluto, los oses debemos vivir en departamentos up and down, siendo ocupada la parte de arriba para las labores de vigilancia. Ahora, los ups cambian semanalmente, como consecuencia de la historia vivida por mi madre a quien, a partir de ahora, me referiré únicamente como Yuliana, ya que ella fue muchas cosas, además de mi madre.

A Yuliana le gustaba reflexionar sobre cualquier cosa. Veo en sus apuntes, por ejemplo:

«…Hay una cualidad y una situación que no gozan de muy buena prensa. La cualidad es el perfeccionismo; la situación es la rutina. De los perfeccionistas, a menudo, se dice que son maniáticos, o neuróticos; incluso el diccionario dice que es una “tendencia a mejorar indefinidamente un trabajo sin decidirse a considerarlo acabado”, no contempla el diccionario la alternativa de juzgarlo acabado al fin. Sin embargo, a nadie le gustan las chapuzas. Un término medio, dirán los comedidos. Pero una instalación eléctrica en su casa en un término medio podría provocar un cortocircuito. No, una instalación eléctrica debe ser perfecta. Valdrían otros ejemplos, sólo que yo ahora tengo una fijación con la electricidad.

La situación desacreditada es la rutina, a la que a menudo se le adjudican sinónimos como aburrimiento, vicio, repetición, automatismo. Pero la rutina es creativa, y permite perfeccionar la creación. Claro que no podríamos aplicarlo a la rutina de una cadena de montaje; o sí, siempre que después se dispusiese del tiempo suficiente para que, mediante el análisis, el talento, aquello pudiera convertirse en algún tipo de arte. Hace falta, pues, tiempo, igual que lo necesita el perfeccionista.

Yo ahora tengo mucho tiempo para mis rutinas y mi perfeccionismo. Después de esos accidentes que nadie ha sabido justificar, debo estar recluida, para recuperarme y para evitar nuevos accidentes inexplicables.

Me pregunto, rutinariamente, día tras día, tratando de perfeccionar este pensamiento rutinario, qué es lo que están vigilando continuamente, veinticuatro horas al día, supuestamente desde  la parte up del departamento; digo supuestamente porque no dejan de perfeccionar –la perfección sí les gusta para ellos- sus procedimientos. Cada una de mis horas, minutos, segundos.

Todos los aspectos son examinados exhaustivamente. Se levanta, desayuna, consulta el parte en las televisiones, se ducha, ordena el down, escucha música, cocina, escribe, recicla un mueble, ve una película, busca en el ordenador, friega los cacharros, llora porque le ha dolido la última descarga dolorosa, come, defeca, intenta dormir, se hace las curas necesarias tras los accidentes. Sus correos, qué dice, qué música escucha, qué cadena sintoniza, qué programa ve, sus conversaciones telefónicas, qué páginas visita, qué escribe en el ordenador… Sí, porque incluso ahí está el dispositivo vigilante que registra cada palabra que teclea, su vida entera. Es lo que antes se conocía como Dios.

¿Qué vigiláis las veinticuatro horas?

Hoy lo he sabido. Hoy –ante mi insistencia- ha surgido la respuesta.

No les interesa la rutina, los cien actos nobles que pueda consumar a lo largo del día. Ternura, sensibilidad, rebeldía, reproche, resistencia, lucha. Buscan el momento de error, debilidad, aquiescencia, cansancio… Como la garrapata que espera años el momento propicio para saltar sobre su presa. Nuestro reino por un instante de desaliento. Nosotros lo elevaremos a la categoría de atributo. Esa será la esencia, el minuto de infierno. No queremos sus horas de gloria, que la justifiquen y honren. Somos enemigos profesionales. Convertiremos su minuto de vileza en su definición, su naturaleza. Convertiremos ese minuto en sus veinticuatro horas. Tenemos que amortizarlas. El rebelde añadirá a su castigo el arrepentimiento por su minuto de pecado, convirtiéndose en cómplice de sus propios torturadores, a quienes refrendará en su culpa invisible, inmolándose…»

Al principio había tres guardianes que se turnaban a lo largo del día, pero Yuliana, de manera un tanto novelesca, imaginaba a un solo vigilador, fundido con los muros del departamento, como un topo en su madriguera, entregado a su causa. Tal vez, en algún momento se produzca en él una debilidad, una señal de afecto, una forma de comunicación con el invisible, con el altísimo. Yuliana se rebelaba, le insultaba. Pero poco después empezó a notar que, sobre todo tras de la hora de la cena, las descargas empleadas como castigo sistemático por ser un ose eran más débiles, casi parecían caricias

Después, cuando Yuliana dormía, cada vez con más frecuencia era despertada con energías que le rodeaban el cuerpo. La primera vez, esa fuerza empezó en el hombro izquierdo y, bajando en diagonal por su espalda, como un abrazo transversal, terminó en su cadera derecha. Sintiendo esto despertó en una vibrante explosión. Durante un tiempo el espía y Yuliana se amaron, pero acabaron siendo descubiertos, y rápidamente las autoridades se apresuraron a poner fin al idilio.

Esto fue considerado un gran error por los mandos, los cuales, en aquel tiempo, provocaban, con sus disposiciones, algunos dislates, silenciados con diligencia, tapando los fallos provocados, más por inexperiencia que por falta de medios. Eran los rudimentos del imperio Urimb y debían proceder con cautela, porque aún no estaban afianzadas del todo las estructuras. Pero estos ensayos con personas como Yuliana les ayudaban a rectificar y refinar sus procedimientos.

Ahora han pulido muchas cosas. A los oses, a veces, les parece estar contemplando un desfile de robots compitiendo para ver cuál de ellos es más desalmado. Nunca más será posible una historia de amor de un ose con su guardián. Eso se consideró una derrota de su eficacia, y ellos tienen que ganar siempre. No cada batalla, sino cada diseño de batalla, cada planteamiento, cada célula. Cada uno de nuestros más humildes soldados debe sentirse ganador, arrogante, superior.

Pero en esa ocasión fueron vencidos. Por eso quiero que este relato sea también un homenaje al espía invisible que la amó.

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Vida de hospital. El mundo invisible (URIMB)

La máquina tiene privilegios. Victor Brauner, 1964

La machine à privilèges. Victor Brauner, 1964

La política, ahora, se llama dinero; el surrealismo, ahora, se llama Tecnología.

 (KolordeCítara)

Muchas cosas, para mucha gente, son invisibles

(KolordeCítara)

Conociendo a Montana

I Rompehuesos invisible

Mi vida en el hospital está marcada por la invisibilidad. Tengo amigos invisibles, visitantes invisibles, enemigos invisibles. Los médicos son también casi invisibles. Sólo revierten esta condición en las grandes ocasiones, cuando tienen los resultados de todas las pruebas y van a informar al paciente; o cuando van a darle el alta. Son los príncipes del hospital. Podrían ser los reyes, pero ese estatus está reservado a los grandes invisibles. La invisibilidad es algo muy conveniente para los reyes o emperadores, o sus equivalentes actuales, que son, justamente, los grandes invisibles. Dios, el más listo de todos los invisibles que en el mundo han sido, nunca se ha dejado ver. Esa es la mejor forma de dejar contento a todo el mundo, ya que así cada uno se imagina al más grande como más le gusta. Ese halo de misterio le sienta bien al poder –me refiero al verdadero- que así no tiene que dar explicaciones. Esas imprecisiones también son muy del agrado de los filósofos de salón, esos que dicen que creen en algo que está por encima, como quiera que se llame,  Yaveh, Alá o Abdulah. Esa vida de hospital, de textura incorpórea y llena de enigmas por resolver, sin vino y con pocas rosas, me ha introducido en un mundo jamás sospechado, instalando en mi vida la adicción a la invisibilidad. Esos seres extremadamente racionales que creen en eso que está por encima, esto no lo entienden, y lo atribuyen a la medicación de los goteros cuentagotas. Pero ser invisible tiene muchas ventajas. Del hospital me he traído, además de muchos informes que dicen que no me pasa nada, es decir, que mis males son invisibles, otras muchas invisibilidades. Yo misma he sido allí casi invisible, igual que la causa de mis cuatro caídas en un mes, las dos últimas con resultado de fractura de la cabeza del húmero y agravamiento de la misma, respectivamente.

De las escasas visitas que recibí en el país extranjero en el que me hallaba, en el que no conocía a casi nadie, recuerdo especialmente la de Montana. Curioso nombre. Es el de El mal de Montano –el libro que acabé de leer en el hospital- pero en femenino. Montana tiene una inteligencia penetrante, que es otra forma de invisibilidad, porque no todos lo saben ver y, desde su inesperada visita, se mantiene nuestra comunicación. Es como si Montana se hubiera convertido en mi alter ego.

Las más visibles en la vida diaria de hospital son las auxiliares de enfermería. A veces realizan un trabajo como en cadena: la que toma la temperatura; la que toma la tensión; la que cambia los goteros; la que comprueba el nivel de azúcar en sangre; la que trae la ropa limpia del día; la que trae la comida. Pueden intercambiarse, y también pueden repetir. Es porque así van más rápido, sin tener que cambiar veinte veces de aparato medidor. Hay un timbre para si quiere llamarlas el paciente que yo, en consonancia con mi condición de aspirante a invisible, nunca utilizo. Cada vez que no las llamo, no me ven.

Este es un hospital de primer mundo. Tiene cama articulada, elevable; portagoteros, sillón anatómico. Pintada de blanco y de verde hospital. Cambian la ropa de la cama, del baño y de los pacientes a diario. La comida es bastante buena, bien cocinada y abundante. Yo me como aproximadamente la mitad de la que traen. Realizan pruebas exhaustivas, con traslado en ambulancia, si es necesario. En algunos países no podrían ni soñar con esto.

Pero lo que da la medida del tipo de hospital de que se trata, es el servicio de masajes virtuales relajantes. Un verdadero lujo, más aún que el exceso diario de comida, ya que he investigado y no son estrictamente necesarios para la recuperación del enfermo. Claro que no sé si esa prestación es para todos los pacientes o sólo para algunos que presenten especiales características que les hagan acreedores de un suplemento adicional de alivio.

Ayer volvió Montana y estuvimos hablando todo el rato de esta asistencia. No hice nada más que empezar a contárselo y, sin dejarme terminar, porque ella es así, le molesta lo superfluo porque lo pilla todo al vuelo, comenzó a acribillarme a preguntas, para ir directamente al grano de lo que consideraba relevante. En pocos minutos casi sabía más que yo del asunto. Además, en estos días que ha venido a visitarme, le he contado otras cosas que no todo el mundo es capaz de entender. Estos también hacen muchas preguntas, pero, a diferencia de Montana, lo que me preguntan solo tiene respuestas que ya les he dado de antemano, cuando se lo cuento por primera vez. Con Montana es todo lo contrario, me hace preguntas que apenas me he planteado yo, con lo que me obliga a esforzarme, no en que ella me crea o me comprenda, sino en terminar de entenderlo yo. Acabo de conocer a Montana, apenas sé quién es ni por qué ha venido a verme, pero me gusta hablar con ella porque nunca tengo que repetir nada que ya haya dicho, hay cosas que ni siquiera necesito decirlas, porque ella las deduce de lo anterior, y, no sólo eso, igual que en los lieder la música completa el significado del texto, ella completa mis argumentos, provocando una personificación de esa pareja de lied: poesía-piano. Ella siempre provoca algo. He dicho que apenas sé quién es, explicación típica de seres prudentes con respecto a alguien a quien acaban de conocer, pero ni ella ni yo somos lo suficientemente prudentes. En realidad creo que ya nos conocemos muy bien

II La máquina invisible

Los masajes virtuales empezaron en mi brazo derecho, en el que tengo rota la cabeza del húmero, como si quisieran mitigar el malestar producido por la lesión, pero luego se extendieron hacia la mano, que reposaba sobre el estómago, donde continuaron y, yendo hacia abajo, masajearon el vientre… No había nadie en la habitación y los roces eran reales ¿Me crees Montana? Te propongo una cosa. Ya que existe la posibilidad de que un acompañante pase la noche con el enfermo, puedes quedarte hoy, aquí tengo la autorización. Ya que mi brazo no requiere especiales atenciones, de hecho no estoy aquí por la fractura sino para que me sean realizadas unas pruebas, de once de la noche a ocho de la mañana no entra nadie. Ocupas mi lugar y después me cuentas. Si, como creo, la imagen con la que logran la precisión de provocar efectos justo en la parte deseada, es térmica, no se notará la diferencia, y es posible que con la luz apagada ni siquiera se distinga entre nosotras aun con una cámara oculta. Además, lo hacen al principio de la noche, por lo que enseguida podríamos volver cada una a su sitio, una vez que lo verifiques. (Respóndeme también por escrito, porfi, luego te digo por qué)

(No, si ya lo sé. Todo lo referente a esto lo hablaremos por escrito. Si son capaces de esos juegos táctiles de penetrar virtualmente en una estancia, no veo por qué no van a poder escuchar lo que en ella se habla) Hecho. Tener esa información de primera mano, no me lo perdería por nada del mundo. La única forma de enterarse de ciertas cosas es experimentándolas

Bravo. El mundo es de los audaces. Lo peor es que estos también reciben a menudo audaces castigos

Toma Montana, bébete tú mi vaso de leche, no vaya a ser que contenga alguna  pócima provocadora de sensaciones y yo lo esté atribuyendo a circunstancias virtuales

Entonces compartamos ese potente bebedizo y saldremos de dudas, porque también lo sentirás ahí, en ese sillón anatómico en el que vas a “sustituirme” por un rato. Buenas noches

La máquina de entretenimiento. Peter Phillips, 1961

-María ¿Qué hora es? ¿Estás despierta?

-Si. Son las dos y media

-Ya lo tengo. Hablaré todo lo bajo que pueda ¿Dices que el brazo, el estómago y el vientre? Te aseguro que han ido un poco más abajo, provocándome sensaciones muy placenteras ¿Te ha pasado a ti algo? ¿No? Entonces no era la leche…

-Nunca creí eso. Y sabía de sobra que a mis percepciones no les pasaba nada. Si te parece mañana podemos continuar con esto yendo a dar un paseo y podremos hablar más seguras. Así que descendieron por el vientre, y te provocaron sensaciones placenteras… Eso es que le has gustado tú más a la maquinita

-Sabes muy bien que eso iba destinado a ti, y, no creo que hubieran continuado si se hubieran dado cuenta del cambio

Montana y yo seguimos investigando, porque de una cosa así, de la que ni sospechábamos su existencia, queríamos saberlo todo, aunque no iba a ser fácil. Pero ella es imparable…

-Me he planteado algunas cosas ¿Desde cuándo existen esos dispositivos? ¿Están suficientemente investigados? ¿O es que te están utilizando para experimentar? ¿Tienen efectos secundarios no deseados? Si están suficientemente experimentados y los efectos adversos que puedan causar no son mayores que los de una simple manta eléctrica ¿Quiénes se están beneficiando de ellos? ¿Están comercializados? Daños de efecto inmediato no presentan, al menos a simple vista. Tal vez determinados potentados los estén disfrutando ¿Quién ha sido el ingeniero, o ingenioso, que ha elucubrado tal invento? ¿Dónde se sitúan para poder acceder con tamaña precisión a donde desean? ¿Es un servicio de vanguardia del hospital? ¿Es que no hay nada que se resista a esos invisibles servidores de la patria? ¿Qué sistema utilizan para poder atravesar paredes? ¿Es eso sexo virtual? ¿Es sexo, siquiera? ¿Es susceptible de que alguien le atribuya connotaciones pecaminosas? Si se utiliza sobre alguien sin su consentimiento ¿Qué ocurre? A mí a veces me dejaban dormir un rato y nada más despertar me “atacaban” en lo más hondo ¿Es eso una violación virtual? ¿El hecho de que sea placentero y sin acceso carnal minimiza la invasión?

-Buenas preguntas. Te contestaré a la más facilita. Si la disfruta una mujer, puede que sea pecado; ahora, si es un hombre el que se regocija, la puta será la máquina. Esto es de cajón según los estatutos de ese machismo que regresa sin jamás haberse ido del todo.

-Yo voy a contestar a otra. No es sexo. En el sexo hay saliva, fluidos vaginales, sudor, semen, y puede que hasta lágrimas y a mí los electros esos, si es que son electros, no me han dejado ni rastro de humedades de ningún tipo. Van a los genitales porque ahí, como es fácil suponer, estarán las terminaciones nerviosas más sensibles. Y esa es toda la relación que le veo con el sexo, o mejor habría que decir con la sexualidad. Tampoco hay besitos, o besazos, conversación y tomarse una copa después. Ni piel, ni calidez humana. Lo bueno debe ser que no se necesita recuperación, como en un orgasmo, porque los músculos no necesitan recuperarse de nada. O algo así, porque lo digo sin haber hecho una consulta específica. Tampoco sabemos si estas máquinas pueden provocar orgasmos. A lo mejor están en ello. Sólo sabemos lo que han querido mostrarnos. Y de las otras preguntas, de carácter tan técnico, por ahora no tengo ni idea. Y otra cosa, una vez con esta información en la mano, debemos poner punto final a la experiencia, ya que no sabemos de dónde procede, si produce efectos adversos y, sobre todo, quién la maneja y con qué finalidad, ya que aquí nadie ha explicado nada, no es oficial y es invisible. Esto supongo que será alta tecnología, por control remoto y a través de paredes o techos. Una información impagable porque, aunque sabía de armas con esas características, para hacer daño, no sospechaba esta otra función

III Repercusiones invisibles

Pero parece que estas maquinitas -algunos ya las llaman sex machine, aunque Montana y yo ya hemos acordado que no es sexo- están empezando a proliferar. Sin embargo, por alguna razón, en los medios no hablan claramente de ellas. Ya se saben las risitas que les entran a algunos cuando se habla de los asuntos del bajo vientre. Sin embargo, tímidos y tontorrones ellos, hacen chistecitos fáciles, para que la gente lo vaya pillando. Las palabras de moda son: placer, intensidad, ser un máquina, aunque sea jugando al fútbol, eléctrico, electrificado y extremo. Pero vamos, como no sea el extremo Oriente

-Lo mejor de mi estancia en este hospital ha sido conocerte, Montana, pero aún no te he identificado, y ya no quiero jugar más a esa adivinanza que me propusiste, de a ver si sabía quién eras ¿Me vas a explicar ya de dónde sales?

-Verás, es que el día que te ingresaron, yo llegué también a Urgencias acompañando a un amigo reciente que se había pasado con las copas. Luego me dijo que había exagerado un poco porque quería llamar mi atención, aunque no sé, porque desde luego como actor no habría tenido precio. El caso es que se lo llevaron unos asistentes en silla de ruedas a una de las consultas y, esperándole, pude escuchar tus explicaciones a lo que te preguntaron. Sé que aquí se empeñan en llamarte María -aunque es un nombre con el que tú no te identificas- que es uno de tus tres nombres de pila, porque el nombre que usas les resulta difícil de pronunciar. También me di cuenta de que no dijiste todo lo que sabías, y sospecho por qué. El caso es que unos días antes presencié una caída con unas características muy parecidas a las tuyas. La verdad es que quedé muy intrigada. Como también dijiste que conocías a muy poca gente aquí, me pareció que eso facilitaba mis planes. También despertaste mi instinto protector, y eso no creas que me pasa con cualquiera. Enseguida supe que eras especial y eso es lo que suscita mi curiosidad. Espero que esto sirva para disculpar mi intromisión

NOTA: Este es un relato de ficción, es decir, que cualquier parecido con la realidad es, prácticamente, pura coincidencia, aunque alguna cosa sí es real. Por ejemplo, Montana, que es lo más royal que me he encontrado en los últimos doscientos años.

(Y es que, a veces, cualquier parecido con la ficción es pura coincidencia)

Esto es URIMB

©KolordeCítara, 2017

Posteriormente a la publicación de esta entrada, el 1 de junio de 2017, encontré esta información

https://www.xataka.com/robotica-e-ia/esto-es-lo-que-la-tecnologia-podria-hacer-por-tu-placer

https://www.xataka.com/robotica-e-ia/cuidado-los-robots-sexuales-del-futuro-podrian-matarnos-de-tanto-amarnos

https://www.xataka.com/robotica-e-ia/hay-quien-quiere-construir-una-etica-del-sexo-con-robots-y-prohibirlo-claro

 

Los orígenes de URIMB (Apuntes)

Zdislav bBksinski

Zdislav Beksinski

Como dijimos en anteriores epígrafes, en los orígenes del reino del Gran Hermano Urimb se cometieron muchos errores. Por ello decidieron incorporar a sus filas a talentos que les ayudasen a perfeccionar sus fundamentos, universitarios licenciados que trabajasen para dar una forma adecuada a sus leyes y estatutos, dotándoles de una apariencia de legalidad refinada. Les pondrían a investigar en la Historia, para encontrar referentes válidos. Al mismo tiempo, les servirían, <<para los fines de ornato, fama y representación>>, como cuenta Alfred von Martin en Sociología del Renacimiento y de lo cual también tomaron nota

El recientemente incorporado licenciado Caldera le mostró a Maroto, jefe URIMB, un texto. Pertenecía a la obra Vigilar y castigar, de Michel Foucault. Maroto era un hombre de acción, más que de lecturas, y se fijó sólo en las frases que había subrayado Caldera:

«…Unos castigos menos inmediatamente físicos, cierta discreción en el arte de hacer sufrir, un juego de dolores más sutiles, más silenciosos…

…tenemos un hecho: en unas cuantas décadas, ha desaparecido el cuerpo supliciado, descuartizado, amputado… expuesto vivo o muerto, ofrecido en espectáculo…

…A fines del siglo XVIII, y en los comienzos del XIX, a pesar de algunos grandes resplandores, la sombría fiesta punitiva está extinguiéndose…

…El ceremonial de la pena tiende a entrar en la sombra…

…El castigo ha cesado poco a poco de ser teatro. Y todo lo que podía llevar consigo de espectáculo se encontrará en adelante afectado de un índice negativo…

…el rito que “cerraba” el delito se hace sospechoso de mantener con él turbios parentescos: de igualarlo, si no de sobrepasarlo en salvajismo, de habituar a los espectadores a una ferocidad de la que se les quería apartar…

…se excluye del castigo el aparato teatral» (Vigilar y castigar, Michel Foucault)

El jefe Urimb lo leyó y dijo:

-Bah, pamplinas, éste es un finolis. Los castigos deben ser públicos y ejemplares, que avergüencen al infractor, o al que nosotros digamos

A pesar de su gusto por los licenciados, en Urimb sólo empezaban a considerarlos como trabajadores eficientes cuando lograban convertirlos en “cuerpos dóciles”, que ajustasen el sentido de sus indagaciones a los verdaderos objetivos de dominio del Gran Hermano Urimb

Pero el licenciado Caldera, a pesar de su impecable expediente académico, era negado para los asuntos prácticos. Ya en sus primeros test de personalidad se advertía “De gran eficacia en segunda línea, guiado por un jefe que tome la responsabilidad”. También se informaba, en el mismo test, de su gran inteligencia analítica, su capacidad extremada de atención y su gran aptitud para el estudio. Una combinación de cualidades que gustó mucho en Urimb. El informe de la personalidad de Caldera también contenía otros datos que no les hicieron tanta gracia, como el que decía:  “Tiene buen corazón, y es accesible a la piedad”, pero decidieron pasarlo por alto, a la vista del resto de resultados. El talento para la intriga y la astucia era nulo en Caldera.. Por este motivo, cuando era pequeño, los que no conocían sus resultados en la escuela, algunos simples lo tomaban por medio tonto. Pero en Urimb él era sólo una de las piezas. Otros suplirían esa carencia en caso necesario. Cada uno se ocuparía de lo que mejor supiera hacer, esa era la estrategia

Por eso, en circunstancias en las que era precisa, mano izquierda”, Caldera  no hacía más que meter la pata, como una vez que se enzarzó con unos niños de instituto. A un subalterno no se le ocurrió otra cosa mejor, para salir de un apuro, que pedirle ayuda a su superior, Caldera. Éste increpó a los muchachos, haciendo valer su condición de titulado

-Uuuuuuhhhhh! Qué sorpresa, pero si ha llamado a su primo el de Zumosol Uuuuuuuhhhhh! Y se llama Caldera Uuuuuuhhhhh!  O shea ahhhhhhhh, y ha ido a la Uni…. jate, oye…

-A ver, niños -dijo un aspirante que pasaba por allí- dejaos de aspavientos, que el señor Caldera tiene razón

-Tiene razón lisensiado (dígase con acento mejicano) tenemos que ser buenos niños, para que de mayores nos den una buena caldera, jajaja…

Menos mal que estaba por allí Briones, el tutor de Caldera…

-¡Vaya! –dijo dirigiéndose a los niños- pero quién está aquí ¿Ocurre algo?

-No, nada, señor Briones, que nos estábamos divirtiendo un poco…

-Caldera –le dijo en un aparte- con los muchachitos, lo que tienes que hacer es lograr que se sientan importantes. Hazlo así y conseguirás de ellos  lo que quieras…

-Claro jefe…

 

Obedece, que no es poco

Un nuevo empleado, Benitez, se acababa de incorporar al Departamento de Maroto. A éste le había gustado mucho, porque todos los tests que le realizaron detectaron su extremada capacidad de obediencia a los superiores

-Qué bien, este ya viene educao

Valentín Benítez se crió sin padre. Su madre, Remedios, por las noticias que nos han llegado hasta la fecha, era una buena señora. Lástima que, debido a la precariedad que le tocó vivir en sus primeros años, había ido poco a la escuela. Eso hizo que su mayor ilusión fuera que su hijo estudiase

-¡Vamos Valen! ¡Arriba…! Es la hora del colegio…

A Valentín no le gustaba que su madre le llamase Valen. Hubiera preferido Tino, o incluso Tinín, pero cuando Remedios tomaba una decisión, no había manera de que diera marcha atrás.

Remedios insistía en que su hijo hiciera los cuadernos con pulcritud y orden; limpios, sin tachones…

Como no podía corregirle los trabajos, ni ayudarle a hacer los deberes por su falta de instrucción, sus esfuerzos se centraban en los cuadernos: ella quería ver claridad, líneas rectas y limpieza, y todos los días observaba como su hijo hacía los deberes. Si Valen se equivocaba y tachaba algo le hacía empezar otra hoja. Y en eso era implacable. Un día Valentín se dio cuenta de que si su madre veía algún error era por el tachón, no por el error en sí, así que tomó la decisión de no tachar nada, aunque no estuviera bien. Así no había que empezar de nuevo

Ella guardaba todos los cuadernos que su hijo iba completando. Los tenía perfectamente organizados, por cursos y por materias. También le obligaba a hacer al niño un dibujo alusivo a la asignatura, para que así ella no se confundiera. El muchacho copió en ellos hasta los exámenes, ya que su madre era insaciable en materia de cuadernos

Valentín consiguió llegar a la ESO y por ahí se quedó. Pero cuando se hizo mayor, esos cuadernos eran para él como un legado, aunque lo llevara en secreto. De vez en cuando elegía alguno de ellos para refrescar un poco: el de Mates, el de Ciudadanía, el de Sociales… Pero, debido a la costumbre adquirida de no corregir los errores, se hacía pequeños líos con algunas cosas.  Sin embargo, en Valentín Benítez, la seriedad de su porte era confundida con credibilidad y mesura. Porque, aunque no era un perfeccionista, sabía obviar los tachones, para que pasaran desapercibidos…

De todas formas, en Urimb, lo que les había interesado era esa facultad de obediencia incondicional. Con esa cualidad podría llegar muy lejos…

*****

El licenciado Caldera le mostró a Maroto un nuevo texto de Vigilar y castigar. Sabía que, en este caso, iba a ser más del gusto del jefe Urimb. Ya iba aprendiendo Caldera, docilizando su cuerpo…
<<En Francia, como en la mayoría de los países europeos —con la notable excepción de Inglaterra—, todo el procedimiento criminal, hasta la sentencia, se mantenía secreto: es decir, opaco, no sólo para el público sino para el propio acusado. Se desarrollaba sin él, o al menos sin que él pudiese conocer la acusación, los cargos, las declaraciones, las pruebas. En el orden de la justicia penal, el saber era privilegio absoluto de la instrucción del proceso…

…Según la Ordenanza de 1670… era imposible al acusado tener acceso a los autos, imposible conocer la identidad de los denunciantes…

…imposible tener un abogado, ya fuese para comprobar la regularidad del procedimiento, ya para participar, en cuanto al fondo, en la defensa. Por su parte, el magistrado tenía el derecho de recibir denuncias anónimas, de ocultar al acusado la índole de la causa, de interrogarlo de manera capciosa, de emplear insinuaciones…

…para ellos, únicamente estos elementos eran probatorios; no veían al acusado más que una vez para interrogarlo antes de dictar su sentencia. La forma secreta y escrita del procedimiento responde al principio de que en materia penal el establecimiento de la verdad era para el soberano y sus jueces un derecho absoluto y un poder exclusivo>>

-Estupendo, Caldera. Así me gusta. Efectivamente, hay antecedentes históricos… Voy a llamar a la cúpula

Caldera desconocía el verdadero objetivo de estas indagaciones. Maroto dirigía sus operaciones sin informar a sus “soldados”, manteniendo sus planes en secreto, permaneciendo insondable. Ellos debían limitarse a cumplir con su trabajo. La estrategia era cosa suya, como se preconizaba en El arte de la guerra, de Sun Tzu: <<El principal engaño… no se dirige sólo a los enemigos, sino que empieza por las propias tropas, para hacer que le sigan a uno sin saber a dónde van…>>.

-Obedecer sin pensar, como debe ser. Para “saber” ya estamos los jefes…

La indagación de la obra de Sun Tzu la había llevado a cabo un predecesor de Caldera, ahora trasladado a otro Departamento, sin posibilidad de conexión, para evitar comunicaciones indeseadas entre subordinados. Era mejor mantenerles en una cierta ignorancia. Así, si en la Organización se veían obligados a rectificar algo, no darían muestras de debilidad ante ellos.  Tenían que insuflarles seguridad, para que se sintieran bien respaldados y reforzar cada día más su obediencia ciega. Estaban aún en los inicios de su influencia y era imprescindible que los subordinados percibieran fuerza y poder, sólo así lograrían transmitirlo a las gentes/los mirados. De todas formas, eso no haría más que aumentar con el tiempo…

Hermano enorme/Vasto Frater/Justo Frater/

*****

Un mundo prefecto

Cuando esa tarde Caldera salió a pasear y a echar carreras con su perro, un pastor alemán,  no pudo evitar recordar sus últimos encuentros con Maroto, los escritos que le gustaban, los que no, sus comentarios ante los mismos… de manera que podía atisbar su personalidad. En esos momentos creía que era una cualidad específica de su jefe, un rasgo de su idiosincrasia. No imaginaba aún que eso formaba parte de un entramado superior. El dirigente de más alto rango con el que se relacionaba era Maroto, por tanto no tenía ninguna información de lo que se fraguaba por encima de él. Maroto era otro “obediente”, hecho que no podía suponer Caldera, dado el carácter autoritario de ese jefe (buscar una palabra, inventando una graduación, graduaciones para todos). Pero Maroto obedecía ciegamente a su (graduación), ejecutando sus órdenes al milímetro.

Estaban en le fase de formación de su ¿reino? Y lo que había que hacer era buscar documentación sobre sistemas políticos, reales o imaginarios, es decir, también se contemplaban libros y películas de ficción sobre distopías, para copiar, justificar, perfeccionar… Había mucho en juego, por eso no se iba a escatimar en esfuerzos, por eso Urimb debía ser inexpugnable. Pero ahora estaban conviviendo con el anterior sistema, por lo que debían ser muy cautos, de manera que fueran poco a poco fundiéndose con lo anterior, progresivamente, sin traumas para los mirados, que eran tan fáciles de manejar, después de todo. El proceso previsto era implantarlo todo en la práctica, y, cuando se hubiera aceptado como costumbre, convertirlo en ley

A Maroto le gustaba su trabajo, en realidad le encantaba. Leer y analizar, comparando periodos de la historia, enfrentando leyes antiguas con las actuales, haciendo observaciones, críticas, detectando fallos… El objetivo era conseguir aplicar el espíritu de alguna de las épocas, lo que les gustara de ellas, de manera que, consiguiendo los mismos efectos, se suavizara, haciendo de la presentación, algo más sutil. Pero para dar forma a estas indagaciones y análisis tenían a los letrados, que lo redactarían en lenguaje jurídico, convirtiéndolo en normas, leyes, decretos…

« (Hasta el siglo XVIII, hubo largas discusiones en cuanto a saber si, en el curso de los interrogatorios capciosos, le era lícito al juez usar de falsas promesas, de embustes o de palabras de doble significado. Toda una casuística de la mala fe procesal)

No está el todo en que los malos sean castigados justamente. Es preciso, a ser posible, que se juzguen y se condenen ellos mismos. En el interior del crimen reconstituido por escrito, el criminal que confiesa viene a desempeñar el papel de verdad viva. La confesión, acto del sujeto delincuente, responsable y parlante, es un documento complementario de una instrucción escrita y secreta. De ahí la importancia que todo este procedimiento de tipo inquisitivo concede a la confesión.

 La justicia necesitaba que su víctima autentificara en cierto modo el suplicio que sufría. Se le pedía al criminal que consagrara por sí mismo su propio castigo proclamando la perfidia de sus crímenes

 …mecanismo por el cual el suplicio hacía pasar la verdad secreta y escrita del procedimiento al cuerpo, el gesto y el discurso del criminal. La justicia necesitaba estos apócrifos para fundamentarse en verdad. Sus decisiones se hallaban así rodeadas de todas esas “pruebas” póstumas. Ocurría también que se publicaran relatos de crímenes y de vidas infames, a título de pura propaganda, antes de todo proceso y para forzar la mano a una justicia de la que se sospechaba que era demasiado tolerante.

…exceso de poder por parte de una acusación a la que se le dan casi sin límite unos medios de perseguir, en tanto que el acusado se halla desarmado frente a ella…»

 Ya estaban perfilando los fundamentos del reino de URIMB… 

*****

Escrito hace unos dos años ©KolordeCítara

 

Ganadores de graderío

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Premier Disque, 1913. Robert Delaunay

Uno de mis primeros trabajos fue en la zona de Alcorcón. Habían contratado a profesores de educación física y de música para organizar coros y competiciones deportivas. Cuando llevaba allí varios meses, una maestra me pidió que participara con el grupo que había formado en un concurso de grupos musicales infantiles que estaban organizando. Yo le dije que llevaba muy poco tiempo trabajando con los niños, pero al final me convenció. Nos presentamos con dos piezas, una era un villancico de tema profano, del músico español del Renacimiento Juan del Encina, Por la puente Juana, a tres voces; la otra era una pieza de Bolivia. Fiesta aimará, con flautas, guitarras y percusión.

Cada uno de los colegios participantes tenía un representante, que podía votar a todos los colegios menos al suyo. Se eligió un sistema de votación como el que se empleaba por entonces en Eurovisión, algo así como cinco votos para este, tres para aquel y uno para este otro. Vamos que más legal no podía ser y además yo allí no conocía a nadie. Pues resulta que ganamos; mi grupo y yo quedamos los primeros. Pero ocurrió lo siguiente, que ahí aprendí lo importante que es una buena hinchada. Nosotros fuimos sin hinchas, sólo mis pequeños músicos y yo y la maestra que nos había invitado y que iba como representante de nuestro colegio, a la que acababa de conocer. Ya que como para nosotros fue precipitado, nadie sugirió que fuesen otros alumnos de animadores

Durante la actuación dentro de la competición nadie nos molestó, porque ahí éramos un grupo que estaba participando. Pero cuando ganamos -supongo que los que quedaron segundos- protestaron ruidosamente, de manera que en nuestra repetición final como ganadores, ni se nos pudo escuchar. Además, yo tenía veintiún años, pero mis alumnos doce o menos, por lo que esa segunda vez no reunía las mejores condiciones para actuar, y más teniendo en cuenta el poco tiempo de preparación. Tengo que decir que los que quedaron segundos eran buenos, pero llevaban el ritmo demasiado cuadriculado para mi gusto.

Lo siento chicos, vosotros alborotasteis más en el graderío, pero ganamos nosotros.

Escrito hacia 2014

 

Quiero ser una WienerSängerKnaben

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El piano, Pablo Picasso. 1957

Quiero ser un Pequeño Cantor de Viena. Lo he decidido hoy, viéndoles en el Concierto de Año Nuevo. Pero no, lo que quiero ser es una Pequeña Cantora de Viena. Porque yo soy pequeña, no pequeño.

¿Por qué no hay Pequeñas Cantoras de Viena? ¿Es machista la institución? ¿Las pequeñas cantoras no somos guay? ¿No necesitan sopranos femeninas de voz blanca? ¿Somos impuras las pequeñas cantoras? ¿Mulier tacet in ecclessia y adyacentes? Por cierto, he observado que ya tienen voces negras blancas, e incluso chinas, pero no femeninas blancas.

Vi a los WienerSängerKnaben por primera vez en el Liceo/Palau de la Música de Barcelona. Yo era allí una alumna de Pedagogía Musical en una escuela que contaba con muchos medios y las actividades extraescolares eran muchas. Y todas de un gran nivel. Era la primera vez que veía a estos prodigiosos cantores, y, además, en vivo y en directo. Y nada menos que haciendo una representación de La Flauta Mágica. Una representación operística, es decir, con escenografía y vestuario. Ellos hacían los papeles masculinos y femeninos, claro. Me hice fan para siempre. Inolvidable.

Como ya he dicho, empecé a estudiar música muy pequeñita. Empezamos varios niños juntos, pero los demás lo fueron dejando. Y uno de ellos se fue a otra ciudad, de manera que, cuando se consideró que ya sabía el suficiente solfeo como para empezar a estudiar piano ya quedaba yo sola. Además no me compraron el piano enseguida, por si me cansaba. Creo que me cansé, pero, por alguna extraña razón, no dije nada. Esta vez no dije nada. Pero habría sido un milagro que yo hubiera deseado ser pianista.

Mi primer piano de estudio estaba situado en un pasillo de la casa de mi profesora, en la primera planta de la casa. En la segunda había una escuela particular, de sus hermanas. Mientras yo estaba estudiando piano, las niñas de la escuela bajaban al baño de vez en cuando. El baño estaba casi enfrente del piano, por lo que el ruido de la “cadena” se confundía con los aburridos Estudios de Czerny, de los que se componían antes los cursos oficiales. Ahora creo que ponen piezas más divertidas. También iba de vez en cuando una criada a repasar el baño.

Las niñas pasaban por detrás, porque era un pasillo ancho, y no decían ni pío, igual que yo. Nos portábamos bien. Pero yo las miraba de reojo, y creo que las odiaba un poco, porque no me dejaban en paz. Me sentía como la tonta del piano del pasillo. Así que cada vez que bajaba una niña dejaba de tocar. Era como si dijera: No soy la tonta del piano, puedo dejar de tocar si quiero. Y si bajáis para verme tocar, no lo vais a conseguir. Mi profesora subía de vez en cuando, y, si veía que no ponía una buena posición con los dedos me decía ¡Dobla los dedos! ¡Que no se te vean las uñas, que las tienes sucias! Estaba aplicando aquello de que la letra se aprende con sangre. Pero a lo que aprendí enseguida fue a limpiarme bien las uñas. Lo del piano no va tan rápido…

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Secretamente. Eva González, 1877

Después llevaron un piano a mi casa, pero ya era tarde para que quisiera ser pianista. La pasión sigue otro procedimiento. Lo pusieron en mi habitación, y mi madre cerraba la puerta. Ya no había niñas dando la lata, ni profesora a la escucha. Así que, de vez en cuando, daba acordes, aleatoriamente, y mientras, leía un poco. Si oía pasos, colocaba las hojas del método de piano tapando el libro. Nunca me pillaron. Así fui aprobando aquellos primeros años de instrumento.

Tampoco había por allí conciertos a los que asistir, para completar el contexto desmotivador, pero mis hermanos mayores tenían un pick-up. Lo llamaban así, ‘picap’. Tenía una aguja que era de platino, creo, y era un coñazo, porque se estropeaba con mucha facilidad, y entonces, ya no sonaba bien. Los vinilos que tenían eran los de moda entonces. No sé, Paul Anka y Elvis, supongo. Pero una vez, no sé de dónde, apareció por allí uno de Beethoven. Dije yo, anda, mira, Beethoven. Así que un día que no había mucha gente por allí me puse el disco. La verdad es que no recuerdo nada de ese sonido, pero, en un rapto de sinceridad, pensé: Estoy en quinto de piano, me debería gustar… pero no me gusta. A ver, lo voy a poner otra vez… No. No me gusta, definitivamente. Aquello no me decía nada, algo había fallado. La verdad es que ahora, reconociendo los méritos de Beethoven, no es uno de mis favoritos, pero creo que me hubiera pasado lo mismo con cualquier otro. Mi profesora hizo todo lo que estuvo en su mano. Mis padres hicieron todo lo que estaba en su mano y un poco más, pero mi sensibilidad musical no se desarrolló ahí…

Escrito hace unos dos años ©KolordeCítara

Escuela de Pedagogía Musical, 5

Glenn, 1984. Jean Michel Basquiat

Glenn, 1984. Jean Michel Basquiat

Segundo año en la escuela

Así que el primer año yo estuve un poco pardilla, llevándome castigos más por falta de habilidad que por afán de transgredir nada.

Pero el segundo año fue distinto. Yo ya había aprendido como había que hacer las cosas y me fue mucho mejor. Y no me castigaron a nada ni una sola vez. Ahora ya incluso podía permitirme el lujo de hacer maldades a otras compañeras

En mi segundo curso dormía en una habitación con otras cuatro compañeras. Había alumnas de otras especialidades, no sólo de música porque opinaban en la escuela que era mejor la mezcla para que pudiéramos tener conversaciones sobre más variedad de temas

El cuarto era muy alargado y las cabeceras de las camas estaban situadas sobre la misma pared. Enfrente todo eran armarios; nuestros armarios. Al fondo, en el lado opuesto a la puerta de entrada había un gran ventanal, que ocupaba todo el ancho de la habitación

Una de las de esa habitación, Toñi, parecía algo bobalicona. No estoy segura al cien por cien pero creo que la idea de gastarla una broma fue toda mía. Desde luego participé activamente

Se acercaba el día de los Santos, el 1 de noviembre. La idea era crear ambiente hablando de espíritus, apariciones, fantasmas y demás parafernalia esotérica. Contar casos, sucesos… con el fin de crear el contexto idóneo

La segunda parte consistía en que la misma noche de los Santos ataríamos unas cuerdas a los picaportes de las puertas de los armarios que teníamos enfrente. Debían ser lo más finas posible, para que no se vieran, pero que aguantaran el tirón… que teníamos que darles. El otro extremo iría a parar a nuestras manos, para poder manipular la puerta desde la cama. Cuando apagamos la luz, mencionamos más fantasmitas. A continuación una de nosotras tenía que tirar de la cuerda lentamente, de manera que la puerta se abriese poco a poco

Uy! ¿Qué ha pasado? Se ha abierto la puerta voy a cerrarla… No creo que sea un fantasma, porque como no existen…

Esto, con pequeñas variantes, fue repetido por las cuatro bromistas, hasta que nos dimos cuenta de que Toñi estaba tiritando y aterrorizada, y empezó a gritar. Encendimos la luz y le explicamos todo, mostrándole las cuerdas, pero no nos creía, decía que le estábamos contando eso para tranquilizarla. O sea que ni cuerda ni leches, era más creíble para ella lo de los fantasmas, pero en fin, después de unos cuantos mimos y explicaciones conseguimos tranquilizarla. Creo que al calmarla también teníamos miedo de que hiciera demasiado ruido y tuviera consecuencias. Pero creo que pesó más el consolarla y que se sintiera bien después de la broma, que parece que para ella fue verdaderamente pesada. Pero es que creo que, aunque no se crea en fantasmas, el hecho de que cuatro personas se compinchen para fastidiar a una ya asusta porque ésta se siente sola frente a cuatro y no sabe por dónde van a salir

O a lo mejor es que no era tan tonta y quiso darnos un escarmiento invocando la posibilidad de la presencia de la directora y el consiguiente castigo. En fin, mira que me cuesta estar segura de algo… Espero que, al menos, introdujéramos la duda en aquella cabecita crédula sobre fantasmas y otros seres misteriosos

Pero era el principio del segundo curso y ahora estaba en el lado de las veteranas

*****

Nuestro profesor de folclore, D. José Ricart, era un gentleman, un viejecito adorable. Había sido violonchelista y, como consecuencia del repetido ejercicio, necesario para el desarrollo profesional, los dedos anular y meñique de ambas manos se le habían atrofiado y los tenía doblados hacia la palma de la mano, sin posibilidad de estirarlos…

Escrito hace unos dos años ©KolordeCítara

Escuela de Pedagogía Musical, 4

Cartel para la partitura de la ópera Julius Bittner. Koloman Moser, 1909

Cartel para la partitura de la ópera Julius Bittner. Koloman Moser, 1909

Nunca me ha llamado nadie empollona. Seguramente porque no doy el tipo. Pero tengo que decir algo en defensa de los empollones. En realidad son estudiantes a los que apasiona su trabajo. Las asignaturas les parecen interesantes. Consideran una bendición y un privilegio la actividad del aprendizaje. Algunas materias incluso les fascinan. Son como esponjas deseosas de absorber las creaciones de los grandes hombres y mujeres que les han precedido. Se rinden sin condiciones a la hora de admirar el genio y el ingenio, y agradecen sin paliativos a los que, siendo superiores, acceden a transmitirles sus conocimientos. Esta suerte de humildad les permite crecer más, porque, lejos de la arrogancia de los necios, no oponen resistencia. Creo que esto es lo que les ocurre a los mal llamados empollones. Así es como lo veo y así estaba yo en esa escuela.

No creo en los estereotipos… en general. Pero y Susana y Tania lo eran. La pelota empedernida y la envidiosa intrigante. Yo creo que esta chica, ella solita, se cargó el buen ambiente del grupo de primero. Esto se comentaba en segundo, en el que todas estaban muy unidas, y si alguna tenía que destacar pues destacaba y en paz

Un día que estábamos en clase con Ana María Pelegrín, Tania quiso poner en juego sus habilidades y quiso “ponerme nerviosa” Pero esta profesora tenía la virtud de que me aportaba serenidad y Tania, en esta ocasión, no logró su objetivo. Además, Ana María se dio cuenta de todo porque tenía una inteligencia muy penetrante. Aparentemente era como tímida pero no se le escapaba una

Al terminar, la profesora me dio su aprobación. Recuerdo perfectamente lo que le dije

-He sentido que la próxima vez lo puedo hacer mejor

Ella me puso un diez y me seleccionó para el cursillo con la A.E.T.I.J. (junto a otra alumna de 2º curso) lo que dejó claro quién era su preferida de las de 1º. Estas cosas suelen ser mutuas y, efectivamente, en esta ocasión, lo eran. Ana María es una de las personas más adorables que he conocido. Además, el hecho de que ella se diera cuenta de los artimañas de Tania sin necesidad de que yo le contara nada me hizo darme cuenta de que estábamos en la misma onda, porque ese tipo de cosas a mi también me ocurren

*****

Había alumnas de toda España pero predominaban las catalanas. Éstas dividían a las alumnas en castellanas y catalanas. En las comidas, principalmente, si su grupo era lo suficientemente grande, rápidamente empezaban a hablar en catalán. Entonces, las “castellanas” rápidamente se “indignaban”

-¡Eh, en español

-El catalán es español- respondían ellas

-Sí, pues en castellano, en castellano

Entonces, las catalanas hablaban un rato en castellano, pero enseguida volvían a lo suyo, hasta que las dejaban por imposibles. Ya que estábamos allí todo el día liadas con clase hubiera sido mucho más fácil meter al menos una hora semanal de catalán. Pero hasta ahí no llegaron los infiltrados. Lástima, porque por el mismo precio yo ahora podría saber catalán

*****

Había como ocho lavabos todos puestos en fila y, enfrente, como dándose la espalda, seguramente para aprovechar mejor el trazado de las tuberías había otros ocho. Por las mañanas eran el reinado de las A.T.S.

Como iban por las mañanas a  hacer las prácticas a hospitales, algunas se arreglaban allí la cara como si fueran a un baile. Recuerdo a Clara, una catalana que se daba montañas de rimmel. Después, como le quedaba como un pegote, se separaba las pestañas de una en una con un alfiler. Daba miedo ver ese ojo en peligro de sufrir un pinchotazo pero allí estaba ella todas las mañanas con su alfilerito. Las pestañas le quedaban como de anuncio

*****

Allí estaba mal visto ser introvertida. Hablaban de la introversión como de un defecto. Debía ser desconfianza, pienso ahora, en esos tiempos de enemigos rojos a los que había que liquidar. Si se callan, algo deben estar ocultando

Siempre salíamos en manada. Es una recomendación que nos habían dado en la escuela, que mejor que no fuéramos solas. En parte tenían razón, pero sólo en parte, ahora explicaré por qué.

Un día tenía que ir a recoger un paquete a Correos. Yo creía que sería algo fácil y, por primera vez, me aventuré a ir sola. El ir fue sencillo porque me explicaron que en línea recta llegaba a mi destino y, además, estaba cerca.

Pero cuando tengo que orientarme en el espacio mi talento se va de vacaciones. Y así sigo. Recogí el paquete, salí a la calle e inicié el camino de regreso a la escuela, pensando que estaría pronto de vuelta. Al cabo de buen rato empecé a caer en la cuenta de que ya tendría que haber llegado, o que, por lo menos, tendría que empezar a resultarme familiar el entorno. Pero no ocurría ninguna de las dos cosas; no obstante, decidí continuar un poco más en la misma dirección, por si me había despistado con los tiempos. Anduve algo más y nada, así que me decidí a preguntar a alguien. Resulta que había estado andando en sentido contrario. Como ya estaba muy lejos, hice lo que alguien me recomendó, coger un autobús, cerciorándome esta vez de que cogía el correcto. Me fui al asiento de ventanilla al lado de la puerta del medio. Al poco rato se sentó allí un hombre que, poco a poco, se iba acercando cada vez más a mí, al mismo tiempo que puso la mano, disimuladamente, entre los dos asientos para ir acercándola poco a poco. Cuando me di cuenta empecé a retirarme cada vez más hacia la ventana, y poco después, un señor que iba en el pasillo, de pie, agarrado a las barras dijo en voz muy alta:

-¡Conductor! ¡Pare, por favor! Pare, porque aquí va un individuo que no merece ir entre las personas y está molestando a esta chica. Ella no ha dicho nada por educación.

El conductor, ni corto ni perezoso, paró el autobús y echaron de allí al hombre. Yo no dije ni pío. Creo que por no decir, ni le di las gracias al caballero salvador. Era tan joven, tan inexperta, tan tímida. Tan pava… Bueno, tengo tendencia a ser dura conmigo misma. En realidad sólo era pava aparentemente. Siempre había vivido en un lugar pequeño, rodeada de gente conocida y una cosa así era impensable.

Cuando bajé del autobús empecé a “procesar” lo que había pasado. Sentí rabia. Sobre todo por no haberme defendido yo misma. Decidí lo que haría si me volvía a pasar algo parecido. Lo diría en voz alta, para que todo el mundo se enterara y y poner en ridículo al sinvergüenza. Me pasó una sola vez más, algún tiempo después, en Madrid,  y lo hice. Exactamente lo que había decidido. Casi me dio pena porque puso una cara…  Estos enfermos eligen a sus víctimas en función de su juventud e ingenuidad. Después seguramente es que te va cambiando algo en la mirada que hace que ya no se sientan seguros.

También me encontré otra vez con un exhibicionista. Llevaba una gabardina colgada del brazo y al pasar a mi lado se la apartó y se pudo ver un horrible colgajo. Yo me eché a llorar. Él se rió. Parece que lo que buscaba era eso: asustar. En eso debía consistir su placer, porque no hizo nada más.

Pero a partir de estas vivencias se empiezan a preparar estrategias de defensa. La próxima vez, esto no quedará así, decides. Por eso la recomendación de que no fuéramos solas es acertada sólo en parte

Escrito como hace dos años ©KolordeCítara

 

Escuela Roger de Lauria, 3

Flutist on the cliffs, Paul Gauguin. 1889

Flutist on the cliffs, Paul Gauguin. 1889

Cuando llegué por primera vez a esta singular escuela, acompañada por mi padre y mi hermana, nos recibieron dos administradoras del centro, Rosa e Irene. La más enérgica, Rosa, nos dio las primeras instrucciones. Pero lo que no puedo olvidar de ese primer encuentro es la mirada que Irene dirigió a mi padre.

Tal vez mi padre le recordaba a un novio que ella había perdido en el frente. Tal vez mi padre y ella se conocían. No sé, porque los padres no cuentan esas cosas a sus hijas, ni las hijas lo preguntan. Pero siempre que ella me miraba en esa escuela yo veía esa misma mirada que se me clavó en el corazón

La vida en la escuela

Tania era una de esas chicas listillas a las que siempre les gusta quedar por encima de las demás. A mí me sorprendía la desenvoltura de esa muchacha. Era de mi edad y parecía de cincuenta años. Me daba la impresión de que se las sabía todas. Siempre estaba al tanto de lo que había que hacer para quedar como la más guay. Ella estaba externa. Vivía en Barcelona con unos tíos suyos que no tenían hijos, pero venía de Valladolid, creo. Al principio se alió con Susana. Susana era una de las personas más pelotas que he conocido en mi vida, Creo que al conocerla fue cuando decidí, aunque no conscientemente, que yo jamás haría la pelota  a nadie. Me pareció humillante. Estas conclusiones, que ahora veo tan claras, no se si son producto de aquel momento o posteriores. Es decir, los datos los recogía fidedignamente en el momento en que se producían, pero creo que, por lo menos en algunos casos, el procesamiento de los mismos, la extracción de las conclusiones, la iba realizando paulatinamente, al comparar ciertas situaciones con otras parecidas que se iban produciendo. Y, en algunos casos, incluso mucho después. La memoria juvenil es poderosa, y, si has recogido la información, el cerebro la mantiene, esperando un momento más maduro en el que se completa el significado. Vaya dos. En realidad lo suyo eran dos formas diferentes de ser pelota- Susana era más sibilina. Pastosa, empachosa –Es que tienes una sonrisa preciosa, igual que tus ojos– le decía sin ningún pudor a una profe. Tania era mejor, mucho mejor. Era más mala e incluso más pelota, pero su “sistema de trabajo” era más sofisticado. Esperaba el momento más adecuado: algún desacuerdo en el que ponerse de parte, casualmente, del caballo ganador de turno; un sutil coqueteo… reirle los chistes -incluidos los malos de manera ostensible y prolongada a los profes… Afortunadamente, la mayoría no se dejaba atrapar en esa tela de araña, pero alguno hubo que sí. Yo sentía asombro ante esa clase de chicas ¿Cómo estaban tan seguras de todo? ¿Cómo tenían esa capacidad para manejar las cosas a su conveniencia?

Como la mayoría de las enseñanzas eran muy prácticas, con frecuencia, y previa preparación personal, teníamos que salir a “hacer de profesoras” mientras las compañeras hacían de alumnas: a dirigir coro o instrumentos; a enseñar una determinada pieza… Tania se dio cuenta de que yo era vulnerable a la hostilidad de otras, y un día que estábamos trabajando la forma correcta de dar una entrada a contratiempo, el profesor me mandó salir la primera a practicarlo. Entonces Tania se puso a cuchichear a la que tenía a Susana para “ponerme nerviosa” y que lo hiciera peor. Era su forma de neutralizarme

Mira, mira que mal lo hace… qué se habrá creído… jajajá que pena

En esa ocasión consiguió lo que quería, desconcentrarme y estropear mi actuación

Pero siempre que me pasa algo así, algo que no me gusta en mí, suelo preparar una estrategia para la siguiente vez. Yo era tímida, pero muy observadora y no hablaba mucho. Supongo que a éstas que ya llegaron con tanto mundo les debía parecer medio tonta y les resultaba fácil meterse conmigo. Así que mis notas de la primera evaluación sorprendieron, porque no eran buenas en una o dos asignaturas, sino en todas. En fin, Tania, hija, que lo tuyo puede servir un rato, pero a la larga no resulta. Con esas habilidades puede ocurrir lo que con la cultura, pueden enmascarar la estupidez… durante algún tiempo

Yo estaba entusiasmada. Parecía que ese plan de estudios estaba hecho pensando en mí. Todo me gustaba y me parecía interesante, excepto los Trabajos Manuales. Pegar en una cajita un botón y dibujar alrededor unos pétalos con una cinta roja estrechita me parecía el colmo de la pérdida de tiempo ¿eso era mejor que las flores de plástico? El Corte y Confección de 2º me gustaba un poco más porque lo veía alguna utilidad. Me hice una falda, un chaleco y hasta una capa…

Escuela de Pedagogía Musical (Roger de Lauria, 2)

 

La lección de Música, Johannes Vermeer. 1662-1665

La lección de Música, Johannes Vermeer. 1662-1665

La asignatura Política, al igual que en el colegio de monjas, consistía en aprender a tener muy buenos modales, saber poner correctamente una mesa, servir y retirar platos y, por supuesto, comer y pelar hasta las manzanas con cuchillo y tenedor. Además se leían fragmentos de escritos de José Antonio. Sólo recuerdo una frase que la directora repetía muchísimo: Que no se malogren los talentos, pero esto se puede decir desde cualquier ideología en cualquier época de la historia. El punto joseantoniano será, seguramente, lo de que no se malogren, que parece muy propio. También despotricaba sin cesar de las horribles flores de plástico, algo que no deberíamos poner nunca jamás. Y no soportaba que bebiésemos agua en una taza “como los pollos”, decía. Todas nosotras, delante de la directora, estábamos, dijese lo que dijese, impasible el ademán. Cuando gané mi primer sueldo todavía no tenía formación política verdadera pero lo primero que hice fue correr a comprarme un ramo con muuuucho plástico ¡Qué duuulce venganza…!

Los profesores eran excelentes. Recuerdo especialmente a Ana María Pelegrín, que no era allí una profesora de plantilla pero que nos dio un monográfico sobre teatro dentro de la escuela. Hizo para nosotras una representación de El juez de los divorcios, de Cervantes. La puesta en escena consistía en una serie de muñecos estáticos que representaban a cada uno de los personajes. Ella, con vestuario neutro, se iba poniendo detrás de cada uno de ellos según el personaje que intervenía, asomando sólo la cabeza y cambiando la voz. Me pareció genial y fascinante. Ella notó mi entrega. Después, Ana María nos seleccionó a mí y a otra de las alumnas para hacer un curso extra con la A.E.T.I.J. (Asociación Española de Teatro para la Infancia y la Juventud) Todas las enseñanzas y actividades me parecían muy interesantes. Lo peor eran las normas de la escuela, muy estrictas y, algunas, absurdas, pero eran las propias de la época.

Pero en honor a la verdad hay que decir que l@s profes eran lo mejor que había en ese momento en Barcelona y que, aunque después he hecho Pedagogía musical en otros sitios, pedagógicamente, esta escuela fue, con gran diferencia, lo mejor. Sin ninguna duda. En el Conservatorio Superior de Madrid, algunos años después, hice los tres años de Pedagogía Musical, para completar mi título superior y válido. Es que era la primera promoción de esta especialidad en el conservatorio, por lo que aún estaba todo por hacer y por desarrollar. Al ser la primera promoción, todos los que estábamos allí ya estábamos trabajando en la enseñanza,  ya habíamos hecho cursos aquí y allá, por lo que fue como un intercambio de experiencias. Después seguro que cambió. Allí triunfé e incluso me ofrecieron un trabajo, que no pude aceptar porque ya tenía uno muy bueno. De todas formas estos intercambios fueron muy interesantes

He encontrado un pequeño estudio sobre esta escuela, realizado por Antonia Luengo, dentro de la Miscelánea Oriol Martorell. Algunas cosas que dice no concuerdan del todo con lo que acabo de contar, pero hay que tener en cuenta que lo que ella ha escrito sobre esa escuela, lo ha hecho en calidad de estudiosa y a partir de unos documentos. Yo estuve allí dos años, día y noche. He seleccionado los dos últimos párrafos de su trabajo

<<…En total, la creación de un curso nacional, y no en cualquier lugar, sino en tres provincias de interés político primordial: Barcelona, Madrid y Valencia, puede en principio ser considerado un avance positivo para la enseñanza de la Música. Cursos donde el profesorado es supercompetente, el alumnado parece ser que, a tenor de lo que dicen las notas, extraordinario, de allí debían surgir unas instructoras superformadas, las que posteriormente enseñarían Música al alumnado femenino de España. Y esa transmisión, partiendo de personas especializadas debía ser excelente

Todo no parece sino hablar de las maravillas de una cultura musical potenciada hasta el extremo de poseer su propia escuela, y no una, sino tres. Pero, siempre tenemos que recordar que asignaturas básicas del curso seguían siendo Política y Religión, y que el control de la Delegación sobre las instructoras siempre estaba, la Música siempre se enseñaba dentro de los principios del Partido, y éstos se transmitían a través de ella: Música y Política ligadas en una enseñanza que no admitía otros métodos o ideas que los de Falange, vía Sección Femenina…>>.

Pero allí las cosas eran como yo las he contado. Esto que cuenta Antonia Luengo no sé, a lo mejor se refería a años anteriores, cuando el régimen estaba más recalcitrante. O a lo mejor se basa en entrevistas a “mandos” que, o bien no se enteraban de nada, o no se querían enterar; o estaban obligadas a mantener una postura oficial o lo hacían constar así en unos fríos documentos.  Porque, aunque la directora daba “Política” e Historia del Teatro, los “mandos” hacían allí una labor más cercana a la Intendencia. La mayoría de profesores no eran mandos, no vivían allí y -aunque no sé si la tenían- ejercían la libertad de cátedra. Iban muy por libre, como he explicado antes. Y en Barcelona tal vez había otros aires. Eso sí, no nos dieron clases de catalán. Y a mi, ya que estuve allí dos años, me hubiera gustado aprovechar para aprenderlo.

En cuanto a las clases de Religión no recuerdo absolutamente nada. Claro, como la Religión es impertérrita, inamovible e inevolucinable, como una letanía, ya la tenía muy asimilada, no me impactaba y me he olvidado hasta del profesor

Escrito hace unos dos años ©KolordeCítara

Escuela Roger de Lauria, 1

La lección de música, Henri Matisse. 1917

La lección de música, Henri Matisse. 1917

Cuando tenía dieciocho años, mi madre me dijo

Mira ¿te gustaría irte a esta escuela de Barcelona, para aprender a ser una buena profesora de música?

SSSSSSIIIIIIIÍ!!!

Pedían muchos papeles, certificados médicos, de familia, de estudios y todo eso. Me puse a ello con una energía que no conocía en mí, tanto me apetecía irme. Creo que lo normal a esa edad

Partimos hacia Barcelona mi padre, mi hermana pequeña, de quince años, para que mi padre no hiciera solo el regreso y yo. En un pequeño Seat para hacer setecientos kilómetros ¡Eso es un padre!.

Paramos en una hermosa ciudad con soportales. Siempre me han gustado mucho esas fachadas. Las casas alzándose orgullosas sobre arcos y columnas que dejan un espacio cubierto, cobijando tiendas y bares con terraza, que aquellos últimos días de septiembre acogían a numerosos transeúntes o vecinos del lugar. Los primeros pisos justo encima de la ciudad palpitante, manteniendo una cercanía sin transición entre el sosiego del hogar y la agitación del ágora.

Vimos un gran revuelo en la plaza, en unos soportales. Había allí un accidente. El automóvil había chocado con una de las columnas y estaba casi en vertical, apoyada en el suelo la parte trasera del coche y la delantera en la columna. Estaba la puerta del conductor abierta, así que  pudimos verlo sentado en su asiento, inconsciente. Recuerdo su cara, extremadamente pálida y con hilos de sangre que le bajaban de la cabeza. Había mucha gente mirando, quietos. Como la sangre siempre me ha puesto muy nerviosa me puse un poco dramática

Pero ¿por qué nadie hace nada? ¿por qué no le ayudan? ¡Todo el mundo mirando pero nadie hace nada…!

Mi padre me dijo que es que solo le podía mover gente profesional, porque si tenía algún hueso descolocado, alguien que no supiera lo podría estropear más. Pero nos fuimos de allí porque yo estaba algo histérica. A lo mejor el hombre estaba hasta muerto y todo

Por fin llegamos a Barcelona. Mi escuela estaba en la calle Maestro Nicolau y se llamaba Roger de Lauria. Iba a estar en régimen de internado y las reglas eran muy estrictas. Estaba gestionada por la Sección Femenina del Movimiento, que era la parte femenina de la dictadura de Franco y  se podía estar en calidad de interna, externa o mediopensionista. Como yo no era de allí estaría interna. Las normas eran las propias de la época para una escuela muy femenina. Sólo chicas, Por ejemplo al comedor no se podía entrar en pantalones, sólo con falda ¡eso eran mujeres! Y sólo podíamos salir -hasta las diez- los martes, jueves, sábados y domingos. Era obligatorio bajar al comedor a las horas de las comidas y los domingos el asistir a misa en la capilla del centro. Tampoco podíamos faltar a las actividades extraescolares organizadas en el salón de actos de la planta baja de la escuela por el Círculo Cultural Medina

El incumplimiento de alguna de estas normas llevaba aparejado un gran castigo, como quedarte un fin de semana sin salir. Y había que vestir con uniforme

Los estudios de Pedagogía Musical duraban dos años. Teníamos clase por la mañana cuatro horas de lunes a sábado y por las tardes cuatro horas de lunes a viernes, y la asistencia a Actividades Culturales fuera del centro era obligatoria también. Pero eran geniales esas actividades

Las asignaturas del primer año eran

Método Orff (incluyendo flauta dulce) (con María Teresa Tullot)

Método Ward (con Esther Oliveras)

Método Kodaly (con Angel Colomer)

Dirección Coral e instrumental (con Ángel Colomer)

Solfeo (Refuerzo porque ya teníamos que saber para entrar allí) (Con Carmen Bravo)

Teoría Musical (Con Carmen Bravo)

Armonía y armonización de canciones populares (Con Montserrat Soler)

Folklore (con José Ricart Matas)

Canto gregoriano (con Juan Úbeda)

Liturgia (con Juan úbeda)

Impostación de la voz (con José María Colomer Pujol)

Danzas (con Cristina)

Técnicas de expresión corporal (Mimo) (Con Antoni Font y una alumna suya, Mary Paz Güell)

Teatro (con Ana María Pelegrín)

Historia del teatro (con Ángela Cuenca, la directora de la escuela)

Ritmo (Gimnasia rítmica) (con Ana Tubau)

Literatura (con Carmen Esteban)

Política (es decir, modales, poner la mesa y comer con corrección… etc. ) (con Ángela Cuenca)

Religión (con un cura que no se lee bien su firma y tampoco me acuerdo)

Trabajos Manuales (con Mary Paz Sanz)

El segundo año eran las mismas, pero cambiando los Trabajos manuales por Corte y Confección (Eran las marías de aquí, junto con Política y Religión. Pero había que aprobarlas todas)

Estábamos liadísimas todo el día, pero a mí me encantaban casi todas las asignaturas y algun@s profes, especialmente (mimo y teatro)

No se si porque eran ya los últimos años del franquismo, o porque era Barcelona y la cultura allí era en esos momentos imparable, o porque había ya mucho infiltrado, lo cierto es que en las actividades, tanto académicas como extraescolares,  había contenidos que no se correspondían con la ideología que se podía esperar en un centro así. Representaciones de teatro del absurdo, como Esperando a Godot; recitales de poesía de Miguel Hernández, profesores que nos entregaban poesías de Rafael Alberti para musicalizar o recitar) Vamos, rojerío por doquier. En una de las salidas a una obra de teatro pudimos ver un topless de Emma Cohen, que entonces era la musa de la progresía…

Total, que a mí ahora no me cuadra, pero así era. Esto es una apreciación posterior, dado que mi formación política en esos años –promoción 1969-1971- era cero patatero. Cuando después adquirí una formación política verdadera, me llamó mucho la atención todo esto. Conservo todo el material allí proporcionado y lo he consultado y utilizado para mis clases y esto es muy llamativo

Las actividades culturales fuera del centro, varias veces al mes, eran un auténtico lujo: Festival de jazz sacro en la basílica de Santa María del Mar, Duke Ellington, Ella Fitgerald… ópera o ballet en el Liceo, Una representación de La flauta mágica por los Pequeños Cantores de Viena en el Palau, espectáculo de mimo de Marcel Marceau. Brecht en teatro… Todo de esa calidad y en mucha cantidad. Sencillamente, lo mejor que había en la ciudad, que era mucho. Con esa escuela echaron el resto. Ahora mismo no se si en Madrid hubo algo así ¿Sería que querían tener contentos a los catalanes…? Entonces se decía que Barcelona era más cosmopolita que Madrid. Ahora no se

Pero la titulación de esta escuela, una vez muerto Franco, cada vez valía menos. Esto creo que ocurrió porque como en esos años la gente no estudiaba tanto, en Pedagogía Musical tuvieron que admitir a gente que le faltaba algún curso de algo. Y aun así éramos pocas. Eso, con las otras especialidades que se podían estudiar allí: Asistente Técnico Sanitario, Magisterio y Profesoras de Hogar, no ocurrió, ya que para eso -por aquel entonces- se exigía bachiller elemental y la que no lo tenía no podía entrar. Pero en Pedagogía Musical, como eran requisitos de Música y generales, supongo que era difícil encontrar en esos años gente que lo tuviera todo. Pero las enseñanzas fueron impagables. A mi edad, y siendo como era, una esponja, me dieron una gran profesionalidad y muchos éxitos como profesora, tengo que decir. Que yo sepa, no ha vuelto a haber una escuela de Pedagogía Musical con esas características. Es una pena porque los alumnos de Secundaria se lo pierden

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Escrito hace unos dos años ©KolordeCítara