Desmontando a Globby…

Disturbing presence. Remedios Varo, 1959

Disturbing presence. Remedios Varo, 1959

¿Quiénes son estos guardianes? Soldados liberados, hombres sin instrucción, sin inteligencia de su función… (Vigilar y castigar, Michel Foucault)

A algunos, cuando mencionan u oyen la palabra ‘Globalización’, se les hace el culo pepsicola. Sin embargo, para otros, no es una palabra rotunda, hay que explicarla. Se entiende a la segunda, a la tercera… Algunos no la han entendido todavía. Rotundas son ‘Dominio’, ‘Tortura’, ‘Dictadura’, ‘Esclavitud”, ‘Desigualdad’… Pues a todas esas engloba Globby, además de algunas acepciones formadas por más de una palabra, como ‘deterioro de la educación’, ‘precariedad del empleo’, ‘persecución de la disidencia’, ‘desaparición del periodismo’… ¿Le suenan? Es que Globby está ya muy integrada

Porque Globby todo lo quiere acaparar, que nada quede fuera de mi influencia, dice –ufana- jactándose de su poderío

Globby está entrando en nuestras vidas pasito a pasito; sin alharacas ni propaganda; cubriéndolo todo bajo su manto, infiltrándose igual que se cuela a través del hormigón el electro, su arma definitiva.

Nadie me ha contado esto. No lo he leído en ese periódico afamado. No me lo ha explicado un profesor glamuroso. No es la confidencia de un infiltrado. No lo he visto en una película basada en casos reales. No he descubierto los papeles de un topo…

A mi pesar, yo me he convertido en periodista; en confidente infiltrada; en la protagonista del caso real; en el gran topo, la fuente…

Nada sabía de globalización, del Club Bilderberg, de electromagnetismo. Poco me preocupaban los servicios secretos, los cuerpos de seguridad del estado. Nada sospechaba de todo esto. Las distopías eran cosa del futuro, creía yo.

Mi blog refleja esa evolución. No tenía grandes pretensiones al respecto. Escribir un poco, verlo ahí… Pero su afán de protagonismo, de ensayar el arbitrio que les ha sido conferido, probar sus armas secretas, sus contactos y acuerdos, su experimentación del poder absoluto, me han conducido a un mundo insospechado,

«inadvertido en la lucha diaria de la mayor parte de la humanidad… un lugar inmundo de duplicidad, mentiras, dobles sentidos, insinuaciones, chantaje y sobornos… surrealista… un universo tan perverso y malvado que me ha dejado una marca indeleble en el alma… La palabra clave es Control… Y la clave de su control es la clandestinidad » (Daniel Estulin La historia definitiva de El Club Bilderberg)

Porque ese es el  primer éxito de Globby, y tal vez el más importante, el esencial, interconectar todas las fuerzas que se ocupan de la seguridad, sin concesiones ni condiciones. Crear una maquinaria con el engranaje de destrucción a punto para neutralizar las “molestias”. Porque Globby es delicada, le gusta moverse cómoda en su hacienda, como quien protesta ante una inoportuna mosca en el jardín a la hora del aperitivo y ordena al mayordomo pulverizar el veneno que aparte al insecto. Implacable eficacia ante quien ose poner en peligro la tranquilidad de Globby, su avance inexorable. No le toquéis las pelotas a Globby, pelmazos. No tenemos tiempo para huelgas, asambleas, estatutos. El bienestar es caro y da mucho trabajo, bien lo saben nuestros servidores, y nosotros, que lo disfrutamos. Por eso hemos encargado a nuestros espías que se ocupen de la gente protestona, que redacta reclamaciones, que se manifiesta, que va a la huelga… Por ahora están en grado de entrenamiento. No el suyo, porque ya se las saben todas, sino el de la gente. Están probando, antes de hacerlo extensivo a la totalidad…

Otro de los triunfos del silente camino de Globby es el periodismo. Los defensores de Globby, llamados por algunos, ‘los mercados’, han comprado las acciones de los principales medios de masas, y les dicen a los periodistas como tienen que hacer su trabajo, les seleccionan los temas a tratar y los que son tabú; les han enseñado a hablar para no decir nada. Los famosos también hacen de periodista y, de vez en cuando, “pillan” a alguno diciendo una frasecita descontextualizada, que es como un eslogan publicitario para Globby. Anda, que no sabe ná.

Uno de los mayores logros de Globby es con los médicos. A los médicos les hablas de armas electromagnéticas y ninguno sabe nada. Es que ni por las películas. Es como si les hablases de burros volando. Su ignorancia es supina. En los primeros médicos consultados era un poco menos clamoroso este síndrome, pero, poco a poco, el virus latente ha ido cobrando vida para dotar a los galenos de esa ignorancia perniciosa. Cuentan las malas lenguas que, cuando alguien les insinúa haber sido atacado por esas armas, enseguida lo mandan al psiquiatra. Así, como si se les explotaran los plomos. Lo oyen y salta el automático: psiquiatra, psiquiatra, dicen deseando que se los trague la tierra, aunque lleven poco menos de cinco minutos de charla con el paciente al que acaban de conocer. Bueno, la de médico es una profesión distinguida, pero no dejan de ser empleados. Y los empleados deben ser obedientes.

¿Sería ese el mecanismo que llevaba a los médicos de Nunca me abandones a sacar las entrañas de unos jóvenes –así, a la brava- para implantárselas a otros pacientes más privilegiados? Porque en esa obra de Ishiguro, de la que ya hice un comentario, esos pobres donantes profesionales sanos no tienen instancias ante las que rebelarse. Ni siquiera se habla de rebelión en esa obra. Tampoco se dice una sola palabra de los médicos, cuyo concurso es indispensable para llevar a cabo el atropello de joderles la vida a unos jóvenes para que otros, tal vez menos jóvenes pero más afortunados, la prolonguen. No habla Ishiguro de médicos, no habla de Hipócrates, no habla de insurrección ante la gran injusticia. Tampoco aparecen periódicos, ni periodistas. Ni espías, aunque se adivine su eficaz trabajo de eliminar los cauces de la denuncia. Muchas cosas desaparece Ishiguro, lo mismo que Globby. Porque en esta Globby actual, candente, los grandes medios no hablan de individuos-objetivo, no se canalizan sus denuncias, los médicos no conocen las dañinas e invisibles armas electromagnéticas. Porque si alguno las sufre, parece que tiene que soportarlo. La distopía de Ishiguro no es futurista, es una crónica de la actualidad. Prescinda de los detalles y céntrese en la esencia: es lo que te ha tocado y te aguantas. El sistema es así. Y eso es lo que nos importa.

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Sin paredes. Diario de un target

Parte I. Cuidado con la pared (En proceso)

Parte II: Curso de Electricidad

Parte III: Guerrillera en maquis

Parte IV: Y sin embargo, se ríe…

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